Carta dirigida al Dr. Domingo Martín, ortodoncista de San Sebastián:

El 29 de marzo de 2009 pasaba Korrika (una marcha a favor del euskara) por Pasai Antxo a las 3:00 de la mañana. Tras cenar con unos amigos corrimos un tramo. A las 4:00 me dirigía a casa cuando perdí el conocimiento. Me levantaron del suelo y llamaron a una ambulancia. No había consumido alcohol, pero me trataron constantemente como si hubiese bebido.
En la ambulancia comenté que me parecía que me había “hecho algo en la boca”. Me dijeron que solamente tenía una herida en el mentón y que no era nada. Me llevaron al ambulatorio de Rentería. Me cosieron la herida y me mandaron a casa.
A la semana siguiente fui al médico para que me quitasen los puntos y me repetían una y otra vez que el dolor que sentía era del golpe.
Viajé a Islandia y regresé a los 15 días. Todos los días tomé ibuprofeno. Me dolía la cabeza, la boca cuando intentaba masticar y notaba un ruido extraño cerca del oído.
Cuando regresé fui de nuevo a la consulta de mi médico de cabecera y me derivó a la consulta del dentista de la Seguridad Social. En la cita con la dentista tuve que oír sandeces como, “tú nunca habrás encajado los dientes y te acabas de dar cuenta”. Tras insistir accedió a realizarme una placa. La hice en el hospital el 15 de mayo y me la dieron al momento. Recuerdo que miré la radiografía y me di cuenta que la mandíbula no era simétrica. Volví a la consulta de la dentista y se horrorizó: “¡Cómo has podido aguantar así!”. Me enfadé. Dijo que debía ir al ambulatorio de Gros para que me viera un especialista. Fui ese mismo día a Gros, pero el especialista no se encontraba allí. Me enfadé aún más. El 15 de mayo era viernes y decidí ir al hospital el lunes.
En urgencias me atendió un médico que se sorprendió con mi historia y me dio cita para aquel viernes (22 de mayo) para que me atendiese el especialista del hospital (maxilofacial).
En la consulta había dos doctores, uno era el Dr. Martín y el nombre del otro no me acuerdo, pero era este último el que hablaba (un hombre con pelo negro y rizado). No recuerdo exactamente las palabras que utilizaron pero sí la sensación que tuve: desconfianza. Me dijeron que me iban a romper el otro cóndilo para encajar el que ya tenía roto.
Decidí preguntar a otro especialista y llegué a la consulta del Dr. Kutz. En la primera consulta me dijo que debía hacerme otra radiografía. Pagué 100€ la consulta. En la segunda me confirmó lo que ya sabía, que tenía el cóndilo fracturado y se estaba soldando. 100€ más. En la tercera cita me comentó que debía ir a la consulta del Dr. Arruti, porque, así me lo reconoció, no sabía cómo ayudarme y el Dr. Arruti seguramente sí. Otros 100€.
Cuando llegué a la consulta del Dr. Arruti el trato fue muy correcto. Me escuchó. Mudó el semblante cuando le expliqué lo que me habían dicho en el hospital (casualidades de la vida, uno de los doctores del hospital trabajaba con el Dr. Arruti en la consulta privada). Muy amablemente me explicó cuál iba a ser el proceso que realizaríamos antes de operarme. Fue entonces cuando habló sobre la Clínica del Dr. Domingo Martín y la Dra. Pilar Goenaga. Pedimos cita y el 20 de octubre aterricé en la consulta de Txomin.
Me operaron el 21 de junio de 2011. Todo el proceso fue sobre ruedas. Confié en todos los profesionales que me ayudaron durante los dos años y cumplí con todo lo que me pidieron. Bueno, he mentido: dejé de fumar un mes antes de la intervención y aguanté hasta dos meses después pero luego continué escupiendo humo ¡¡ji, ji, ji!! Txomin, hoy ya no fumo, lo dejé. Me suelo acordar de tus broncas ¡ji, ji, ji!

Eskerrik asko por la ayuda que me ofrecisteis.