Natalia Merino

Me gustaría, con esta carta, agradecer a Domingo Martín y a todo su equipo por haberme ayudado a mejorar mi calidad de vida.

Allá por el 2012, comencé a tener fuertes dolores alrededor de la mandíbula, cuello, hombros y, por supuesto, cabeza. Era, en definitiva, una situación que no te permitía llevar un día a día normal, fuera de molestias y dolores.

Me decidí, entonces, por acudir a diferentes médicos especialistas para que pudieran, al menos, ofrecerme un diagnóstico. Fue por recomendación -y por fortuna- que conocí esta clínica.(Clínica Martín Goenaga) Sólo hizo falta una cita para saber que estaba en buenas manos.

Mi problema principal fue el desplazamiento de un cóndilo que, sumado a mi hiperlaxitud, dieron pie a un desgaste de articulación. El tratamiento que me dieron fue de gran calidad, por diferentes razones: 1. No se atajó el problema lo más rápido, sino de la mejor manera posible; 2. Hablamos de un tratamiento holístico que no ataca únicamente el núcleo de la “enfermedad”, sino todas sus derivadas; 3. Para aquello que salga de sus competencias, disfruta de una red de contactos profesionales magnífica; y 4. Casi lo más importante de todo – el equipo se forma por unas personas que, además de su profesionalidad, les caracteriza su gran calidad humana.

Tras cuatro años de tratamiento, me fue irremediable someterme a una operación quirúrgica para comenzar a finalizar el proceso. Un proceso que me ha devuelto a mi vida sin dolores ni molestias constantes. Mentiría si dijera que no ha habido momentos peores que otros. Pero, también mentiría si dijera que este equipo no ha sido la mejor compañía que he podido tener en mis años de cura.

Ya estamos a 2017, y sé que en el 2027 aún tendré palabras de agradecimiento para todos ellos. Tengo 24 añitos e, inevitablemente, siempre van a ser una parte de mi futuro.

Natalia Merino Fernández

13/10/17

Natalia Merino